Perros mayores, cuidados especiales





Perros mayores, cuidados especiales







De la misma manera que durante toda su vida el ejercicio ha sido vital para su bienestar y desarrollo, también será muy importante cuando nuestro perro sea anciano. Está claro que no podremos forzarle a llevar a cabo la misma actividad que cuando era joven, así que le proporcionaremos un ejercicio que, sin cansarle demasiado ni provocarle estrés, le ayude a mantenerse en forma (siempre dentro de sus posibilidades), a que los huesos y músculos estén más protegidos, y que le proporcione satisfacción y diversión para que se sienta mejor y más feliz. Con esto también prevendremos o mejoraremos los problemas de obesidad (un problema bastante frecuente en perros ancianos) y de artritis que pueden aparecer en nuestro perro, ya que el ejercicio quema calorías y reduce el dolor en los huesos que aumenta con los cambios de tiempo. (Los ejercicios en un perro con artritis deberán ser supervisados por el veterinario.)
Lo ideal es que haga ejercicios a diario que consistan en paseos y juegos de atrapar objetos de manera tranquila, sin agresividad ni violencia. En cuanto a la cantidad de ejercicio tiene que ir en proporción, primeramente a la clase de perro que sea, esto incluso cuando es joven, y sobretodo a su estado de salud y sus ganas. En general, no dejaremos que se canse en exceso y haremos que repose cuando lo necesite; no debe faltarle agua. 







*Consejo práctico: si nuestro perro padece de artritis o de cualquier otra enfermedad, sobretodo que le afecte a los huesos o las articulaciones, deberemos consultar a nuestro veterinario antes de hacerle hacer cualquier ejercicio ya que necesitará que sea especial.. 







El juego también nos ayudará a prestar atención a sus sentidos: la vejez comporta, inevitablemente, pérdida de la sensibilidad en la vista, el oído y el olfato, pero podemos compensar esta pérdida si mantenemos una estimulación permanente tanto física como mental del perro.



El tiempo biológico de nuestro perro es distinto al nuestro; su vida dura menos que la nuestra, de manera que cuando un perro cumple los siete años ya empieza a ser un perro anciano mientras que nosotros a esa edad todavía estamos en la infancia, todavía somos muy pequeños. Aunque es cierto que los perros de raza grande envejecen más deprisa que los de raza pequeña, los siete años son la edad que se considera como el principio de la vejez del perro.

Probablemente, durante toda la vida de nuestro perro, hemos estado pendientes de él y nos hemos ocupado de su bienestar, pero cuando llegue este momento todavía deberemos implicarnos más para que esta etapa de su vida la pase siendo un perro feliz y saludable. Para esto deberemos tomar algunas medidas especiales.

Adecuar el espacio en casa

La pérdida de movilidad así como la pérdida de ciertas capacidades o sentidos (vista, oída, etc.) supondrán la aparición de ciertos obstáculos en el entorno de nuestro perro que antes no lo eran. Debemos entender que, aunque nos cueste un sacrificio, deberemos procurar que se sienta a gusto en casa, evitando lo que pueda suponerle un obstáculo o una incomodidad que le haga sentirse mal viendo que no puede superarlo como hacía antes; evitaremos que tenga que subir y bajar escaleras tanto como nos sea posible, aunque tengamos que cambiar su lugar habitual para dormir, por ejemplo; evitaremos también el mobiliario que pueda resultar peligroso como los cantos de mesas a la altura de su cara, objetos de cristal que, estando a su alcance, puedan dañarle si se rompen, etc., teniendo en cuenta que su visión no es total (más aun si es totalmente nula) y que el resto de los sentidos que pueden ayudarle a defenderse de estos obstáculos puede que también se hayan atrofiado. Si, por ejemplo, tenemos jardín también tomaremos medidas para que no se dañe con las herramientas que podamos tener y, sobretodo, para que no pueda salir y perderse o sufrir un accidente si se desorienta.

Control veterinario más exhaustivo


Seguiremos con los tratamientos habituales que hemos seguido hasta ahora, vacunas, tratamientos antiparásitos, etc., pero además le someteremos a una revisión dos veces al año para controlar los cambios producidos por el envejecimiento aunque observemos que el perro está sano. El veterinario es quien mejor detectará un problema o enfermedad a través de un chequeo completo; debemos tener en cuenta que la detección a tiempo de un problema siempre supondrá un beneficio en tanto que se podrá empezar a tratar desde el principio, y esto puede ser crucial en según que tipo de enfermedades, disfunciones o problemas. Además aprovecharemos la visita al veterinario para que nos aclare las dudas que podamos tener respecto a los cambios que observamos en nuestro perro o sobre cualquier otro tema al respecto.

Un chequeo completo debe constar de análisis de orina, de sangre y de heces, y de radiografías para controlar el estado de los huesos, especialmente sensibles a sufrir desgaste por la edad. Estas analíticas darán al veterinario una información muy completa del estado de salud de nuestro perro ya que la mayoría de problemas o enfermedades se reflejan en dichos análisis.

*Consejo práctico: aunque no podremos evitar los efectos negativos de la edad, sí podemos retardarlos o disminuirlos con una buena prevención y unos cuidados específicos que proporcionen a nuestro perro una mejor calidad de vida pese a las dolencias o enfermedades que pueda padecer.

Tanto en las revisiones del veterinario como en nuestra higiene rutinaria tendremos en cuanta los cuidados dentales; suponiendo que se haya seguido un tratamiento durante toda su vida lo seguiremos llevando a cabo. También continuaremos dándole comida crujiente para prevenir el sarro y evitar que pierda alguna pieza.

Hacer ejercicios especialesUna alimentación especial
Durante esta etapa tiene unas necesidades nutricionales distintas a las de las anteriores, así que la dieta deberá ajustarse a éstas.

El perro anciano no necesita tanta energía como el perro joven y, si come demasiado, puede llevar a padecer obesidad, cosa que hay que evitar a través de una correcta alimentación. Por otra parte, la pérdida de apetito y la dificultad de las digestiones del perro anciano hacen que el hábito de comer una vez al día una gran cantidad de comida no sea adecuado. Es mejor que le demos de comer menos cantidad y más veces al día. Podemos empezar con dos comidas al día, pero conforme el perro envejezca llegar a cuatro al día será lo correcto. Aunque este hábito pueda parecernos pesado, si el perro tiene una buena salud, podemos darle comida seca, en lugar de cocinada, ya que nos resultará más cómodo y más económico. En cualquier caso elegiremos el tipo de comida más adecuada, si es necesario consultando al veterinario, y teniendo en cuenta el aporte de proteínas, hidratos de carbono, calorías y minerales que cada alimento proporciona para poder adecuarlos a las necesidades de nuestro perro. Deberemos reducir la cantidad de sal en sus comidas ya que no es recomendable, y tendremos en cuenta que el agua es un elemento esencial y que le proporcionaremos la que necesite; en caso de problemas de incontinencia consultaremos con el veterinario.
Encontraremos comidas especiales para perros ancianos en las tiendas de animales.

*Consejo práctico: la pérdida de apetito y por consiguiente la disminución de la cantidad de alimento que coma nuestro perro puede provocarle anemia o la carencia de algún elemento esencial. Si es así, consultaremos con el veterinario ya que puede que necesite un soporte vitamínico

Su relación con nosotros

Los perros ancianos muestran signos de debilidad senil que debemos comprender y tolerar. Puede que nos pida más atención o que quiera estar más cerca de nosotros; también puede que nos haga caso, y que no soporte demasiado algunas órdenes o cambios, etc. Deberemos ser comprensivos con él y darle todo el tiempo y el afecto que podamos para que se sienta contento y seguro; esto contribuirá a su bienestar general y su felicidad.

Si tenemos que dejarle solo

Será difícil dejar a nuestro perro anciano solo aunque es cierto que él siempre agradecerá que le dejemos dormir tranquilo durante largos ratos. Si tenemos que salir será mejor que no estemos fuera demasiado tiempo, pero si no lo podemos evitar deberemos dejar a alguien a su cargo para que le vigile un poco y le dé de comer las veces que le toque, ya que son más a menudo.

Si la estancia es más larga, por vacaciones, por ejemplo, será más complicado ya que puede que no le siente demasiado bien el distanciamiento con nosotros. El hecho de dejarle y de que esté con una persona que no le resulte demasiado familiar puede provocarle estrés o incluso agravarle alguna enfermedad.

Deberemos tener en cuenta la posibilidad de llevarlo con nosotros, aunque tampoco no es una solución fácil para llevar a cabo, o dejarle con alguien con quien tenga verdadera confianza.


*Consejo práctico: si nunca hemos dejado a nuestro perro por un largo período de tiempo, o si nunca le hemos llevado de viaje con nosotros no será buena idea hacerlo por primera vez cuando sea anciano. Los hábitos de viajar o de aprender a quedarse con otras personas los debe adquirir cuando es joven para que después le resulte natural hacerlo y no le provoque ningún trastorno.

Si llevamos a un nuevo cachorro a casa

Puede ser que la llegada de un cachorro a casa sea beneficioso para el nuestro perro anciano porque la energía y la vitalidad de este nuevo compañero puede estimularle. Aun así, deberemos considerar atentamente esta posibilidad ya que, contrariamente, puede que el perro anciano sea intolerante con el joven cachorro; puede que le moleste o le irrite tener al lado a un insaciable juguetón que no se está quieto en ningún momento. En el mejor de los casos deberemos enseñar al pequeño a que no moleste demasiado al anciano, y mantenerles separados en algunos hábitos, como por ejemplo, a la hora de comer: lo haremos en lugares separados el uno del otro.

Es muy importante que tengamos en cuenta la raza del nuevo cachorro y la edad del anciano. Es decir, que no conviene que el cachorro sea de una raza mucho más grande que el anciano y que éste no sea demasiado anciano o esté enfermo. Cuando más compatibles sean las dos razas y menos anciano sea el mayor, será más probable que se lleguen a adaptar.

La relación con los niños

Los perros ancianos pueden ver a los niños recién llegados como rivales que les quitan el afecto que han tenido durante toda la vida de sus amos. Este es el caso de tener al bebé cuando el perro, ya anciano, está con nosotros desde mucho antes que el niño. Esto no es tan probable cuando el perro es adulto y goza de buena salud ya que normalmente suele acoger bien a los niños.

Por otro lado, los perros ancianos necesitan mucha calma y tranquilidad, y los movimientos rápidos y la incesante energía de los niños pueden molestarle mucho. Deberemos enseñarle al niño que no moleste al perro sobretodo cuando está durmiendo, y si vienen otros niños de visita procuraremos dejar al perro en un lugar tranquilo
donde no pueda ser molestado.

Fuente: Affinity petcare